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El robot que juega y entrena a niños con parálisis.
El Mundo , 02/07/2013

Cidaut diseña dispositivos tecnológicos de comunicación ‘low cost’ para personas con dificultades motóricas.

     

Quiero conducir mi silla», escribe Pelayo con la mirada y mucho esfuerzo en un ordenador. El mismo que desde hace dos años le ha permitido decir algo más que sí o no y comunicarse con los suyos. Antes de que Miguel Gómez y su equipo de Cidaut se cruzasen en su vida, Pelayo «estaba limitado a señalar con la mirada objetos o cosas de su entorno o necesidades fisiológicas (comer, beber, wc, salir...)».

 

Tiene 10 años y padece acidaría glutárica tipo 1. Es un desorden neurológico del cerebro que le impide controlar su cuerpo.

 

Ahora, gracias a varios dispositivos tecnológicos, el niño conecta con el mundo, lo mira con otros ojos. La tecnología «le ha abierto la puerta para expresar conceptos, deseos, pensamientos, ideas... sobre cosas o situaciones abstractas, pasadas o futuras», relatan sus padres. Y aspira a poder mover él solo (con ayuda de la mente o de la mirada) su propia silla de ruedas eléctrica.

 

Un encuentro casual a través de una docente disparó la creatividad y la sensibilidad de estos investigadores del departamento de Ingeniería Biomédica del centro tecnológico Cidaut –con sede en el parque tecnológico de Boecillo (Valladolid)– que han diseñado varias herramientas de comunicación pensadas para niños con parálisis cerebral.

 

El dispositivo que permite a Pelayo decir lo que piensa es, en realidad, una pegatina. Un adhesivo reflectante que lleva colocado en el puente de sus gafas (también sirve en la frente) y apunta donde mira. Ésta emite un reflejo que un sensor de infrarrojos insertado en un ordenador capta y convierte en órdenes para el movimiento del ratón. Así sabe a qué tecla determinada está mirando y la pulsa.

 

El grupo de Miguel Gómez ha conseguido resultados similares con el pensamiento. Con un sistema de ondas cerebrales con el que puede hacer lo mismo. Se pone una especie de ‘casco’, se concentra en la imagen que quiere y éste detecta una variación en las ondas que transforma en percusiones en pantalla.

 

Además de poder comunicarse y escribir, gracias a un software de comunicación, han adaptado un robot que el niño puede controlar con la misma pegatina o a través de las ondas cerebrales.

 

«Con él por primera vez Pelayo pudo jugar con autonomía plena, como cualquiera. Quería jugar todo el tiempo», recuerda Miguel Gómez.

 

El menor consigue dirigir al robot para que se mueva por una habitación y evite obstáculos. Esto tiene un extra: le ayuda a entrenar para fortalecer la musculatura del cuello.

 

Algo fundamental para lograr el siguiente paso que es que él consiga controlar una silla de ruedas eléctrica con el mismo método. Cidaut ya trabaja en ello y en septiembre comenzará a adaptarla con sistemas de seguridad apropiados para, por ejemplo, detectar bordillos u otros obstáculos. «Cuando le decimos que todo ello, además de para jugar y divertirse, tiene la finalidad de que sea capaz de mover por sí mismo su propia mira con sorpresa e incredulidad», comentan sus padres.

 

«Muchas sillas ya se mueven con el típico joystick o botones pero muchas personas con parálisis, como es el caso de Pelayo, no pueden pulsarlos», explica Miguel Gómez.

 

De hecho, para escribir también hay otras opciones, pero no son apropiadas para todos. Pelayo antes utilizaba un sistema comercial que capta la mirada, pero que no era práctico para él «porque había que permanecer muy quieto y no siempre podía». Ahora ya no tiene que quedarse tan rígido y «al ver que puede cada vez hacer más cosas, tiene más ganas y está más relajado».

 

Otra de las posibilidades abiertas es una serie de juegos que utilizan el mismo funcionamiento. Unos de lógica, otros para aprender inglés, identificar palabras... Y también uno de fútbol y el ‘ahorcado’. Los dos favoritos de Pelayo.

 

La experiencia con este niño de Valladolid es la más completa. Desde hace dos años es continua y esperan seguir desarrollando apoyos tecnológicos para que su día a día resulte más sencillo. Pero también trabajan con otros chavales y están abiertos a buscar soluciones de ingeniería para más gente.

 

Este trabajo altruista tiene, además, una filosofía low cost. El bajo coste es fundamental para este grupo en el desarrollo de las herramientas de acceso a dispositivos. «Existen sistemas como, por ejemplo, los que controlan a través de la pupila que tienen un precio prohibitivo. Y no se trata de conseguir crear algo sin más, sino de poder ayudar y que de verdad quienes lo necesitan puedan utilizarlo, que un niño alegre y feliz como Pelayo pueda comunicarse », señala Miguel Gómez.

     

LOS PADRES DE PELAYO

«Se abren expectativas impensables hace poco»

 

P.– ¿Qué supuso para Pelayo usar esta tecnología con la que poder escribir?

R.– Una gran ilusión y alegría por hacerse entender, aunque antes ya lo hacía de forma más limitada con el lenguaje gestual y mediante preguntas sencillas y concretas que nosotros le hacíamos, con respuestas si/no con movimientos de su cabeza.

 

P.– ¿Y para ustedes?

R.– Nos ha aliviado la sensación de frustración por no poderle entender, por no efectuar la pregunta adecuada sobre lo que quería, qué le pasaba, qué quería expresar en un momento dado. Ha mejorado nuestro miedo a una posible reacción de mutismo y encerramiento en sí mismo al no ser entendido.

 

P.– ¿Cómo cambió su día a día?

R.– Los cambios han ido sucediendo poco a poco, el proceso de aprendizaje, el disfrute del ocio, la lectura, la visión de imágenes, fotos, el acceso a internet o la posibilidad de poner mensajes. Las expectativas que se han abierto eran increíbles e impensables hace poco. No obstante, nada está cerrado, queda por aprender, por perfeccionar, por profundizar, por trabajar y por entrenar y estamos todos en ello. La voluntad y el afán de superación que demuestra nuestro hijo día a día nos llena de orgullo y de energía para seguir, y su sonrisa abierta y franca cuando consigue lo que pretende es indescriptible.

 

P.– Con el robot es autónomo jugando. ¿Cómo le influye?

R.– Es un niño y tiene que jugar. Le gusta la tele, todos los deportes, pero sobre todo jugar en el ordenador al tenis, al fútbol, con la Wii, siendo él parte activa del juego le divierte y se lo pasa en grande. Ser capaz desde su ordenador de mover un pequeño robot que circula por la habitación, que salva obstáculos, que se choca, que lo vuelve a intentar...

 

P.– Con el paso al instituto estas herramientas serán una ayuda fundamental ¿no?

R.– Bueno, estamos en el camino. Hay que perfeccionar las herramientas que tenemos. La tecnología y su desarrollo nos está cambiando la vida y también la forma de enseñar. Hace falta mayor implicación de las administraciones. Aún le faltan dos años para llegar al instituto. Hace falta que en Parquesol, uno de los barrios con mayor población infantil y juvenil, se adapte un instituto de secundaria para niños con dificultades motóricas, para que cuando cambien de ciclo no se encuentren completamente desarraigados.

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