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Tres grupos con equipos 3D se ponen al servicio de Sacyl para imprimir material
Diario de Valladolid , 23/03/2020

Reesistencia_T, Cidaut y Renault comienzan a producir 5.000 pantallas para uso médico y preparan el diseño de mascarillas flexibles / Ya han realizado las primeras entregas

 

Las  respuestas solidarias  para afrontar las  necesidades  derivadas de la propagación del  coronavirus  llegan desde rincones tan insospechados como los hogares de personas especializadas en el diseño y producción de objetos con impresoras en 3D, que han convertido sus casas en una especie de laboratorios donde fabricar materiales que puedan resultar útiles ante la falta de suministro, sobre todo en los centros hospitalarios.

 

En  Valladolid  son varios los  voluntarios que llevan inmersos en el desarrollo de prototipos en sus viviendas  desde hace días y ahora tres de esos equipos han aunado fuerzas y se están organizando para trabajar al unísono en la producción de pantallas antisalpicaduras para los sanitarios. 

 

Se trata del movimiento ciudadano  Reesistencia Team  –surgido en redes sociales y con tentáculos toda España–, de la fundación Cidaut y de la empresa Renault, que han aceptado el reto de fabricar 5.000 viseras de protección para Valladolid, según les ha solicitado Sacyl. 

 

Así lo explicó el  coordinador del grupo Reesistencia en la provincia, Javier Clemente Merino,  pendiente de contabilizar el número de máscaras que cada colaborador fabrica al día para, una vez recopiladas las suficientes, avisar a la Guardia Civil con el objetivo de que las recojan en sus domicilios particulares y los agentes entreguen la producción a los servicios sanitarios para su distribución. El viernes ya hicieron el primer reparto y ayer por la tarde estaba previsto otro.

 

«Ya  nos han validado los modelos de las caretas, aunque estamos pendientes de implementar mejoras , para que las hagan llegar al Río Hortega y al Clínico», explicó el joven vallisoletano de 19 años, estudiante del grado superior de Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma, que enseguida se ofreció a colaborar cuando, pocos días antes de decretarse el estado de alarma, vio en redes sociales que se estaban empezando a organizar grupos de voluntarios, como ya había ocurrido en otros países.

 

 «Compartí fotos de lo que había hecho y contactaron conmigo» , recordó sobre su adhesión al perfil de Twitter @reesistencia_T, una red de voluntarios con alrededor de 2.000 miembros en toda España, según sus estimaciones. Este grupo de makers –en coordinación con el Ministerio de Sanidad, según ellos mismos aclaran–, está formado por «médicos, diseñadores o ingenieros» que dominan la tecnología en tres dimensiones y uno de sus ‘centros de operaciones’ se ubica en Valladolid, en concreto, en las viviendas de las veinte personas que han puesto a disposición de la iniciativa sus conocimientos, su tiempo y sus materiales.

 

A la cabeza,  Clemente Merino se encarga de coordinar los trabajos . Al principio, sólo de Reesistencia, y ahora en consonancia con Cidaut y Renault. Y eso que hasta hace pocos días sólo había utilizado la impresora 3D «como hobby», para crear alguna pieza que necesitaba para su ordenador o para la lavadora de casa. Ahora su papel, y el del resto de colaboradores, puede resultar esencial porque implica inmediatez de abastecimiento y un abaratamiento de costes. 

 

Según sus cálculos,  en estos momentos son capaces de fabricar más de doscientas unidades diarias de pantallas de protección  con esta técnica en tres dimensiones entre la terna de equipos, y no descarta que se pueda multiplicar la producción si logran los fondos necesarios para adquirir más impresoras. 

 

«Hemos pensado en un crowdfunding para comprar más máquinas y más material a fin de duplicar la capacidad» , sostuvo Clemente antes de indicar que el dispositivo que mejor se adecua a sus necesidades ronda los 200 euros y que ya han ‘lanzado’ la petición a varias empresas para avanzar a un ritmo más acelerado en su proyecto altruista. 

 

De media, se tarda  cinco horas en imprimir la versión más completa del mecanismo  para colocar las pantallas y su diseño se basa en una especie de diadema ajustable a la cabeza que incluye un soporte con una ranura donde irá fijada la visera de protección. 

 

Para poder  entregarlas  listas para su uso –aunque antes los sanitarios tengan que esterilizarlas–, los  voluntarios están utilizando láminas transparentes de acetato en formato A-4 .

 

Aunque hasta ahora la  escasez de estas láminas se había convertido en un handicap , pues habitualmente las adquieren en papelerías –cerradas en la actualidad por el estado de alerta– o en internet –donde se han encarecido los precios–, ahora será Sacyl quien se encargue del suministro de material.

 

En todo caso, s olicitan también la ayuda de empresas que les donen láminas de acetato , como ya esta haciendo una de Medina de Rioseco, para distribuir las pantallas antisalpicaduras a residencias de ancianos, centros de salud o profesionales que se las pidan a título particular, a través del teléfono de contacto 653581067. Para garantizar también aquí, el suministro, hay cinco personas en Valladolid dedicadas a la fabricación de las viseras, y también en este caso, se han realizado los primeros envíos. 

 

Una vez hayan hecho frente a las necesidades de Valladolid –«aquí estará en breve solucionado», estimó Clemente–, su  objetivo es «apoyar» a otras provincias  y ponerse a trabajar en el prototipo de mascarillas con filtros ejecutadas con material flexible, como les ha solicitado Sacyl.

 

Todo ello sin dejar a un lado los avances logrados en el diseño de una «leva» o ‘pala’ para facilitar el bombeo de los respiradores asistidos.  Esta semana ya se ha testado su funcionamiento en un centro hospitalario  y mañana está previsto que se hagan en Asturias pruebas con pacientes. 

 

« A partir de los resultados, los organizadores nos remitirán un documento explicativo con todas las pautas a tener en cuenta », añadió el coordinador de Valladolid tras poner el acento en que se necesita «precisión» y «muchas comprobaciones» debido a la complejidad del mecanismo y a la existencia de varios modelos de respiradores.

 

De media, calculó Clemente,  tardan seis horas en poder fabricar esta especie de palanca de presión desechable  que comprime la bolsa de aire del mecanismo de respiración asistida para los infectados que lo necesiten. 

 

Por el momento  cada voluntario de Reesistencia sólo ha ejecutado una en su casa  y, una vez tengan el ‘ok’ definitivo que les permita una producción en serie, cada pieza irá identificada con un número de referencia donde se especificará la fecha y dónde se fabricó. Una medida con la que tratan de amortiguar las voces críticas. 

 

Porque el  objetivo es agilizar y abaratar los procedimientos . «Un respirador nuevo cuesta en torno a los 15.000 euros. En Italia fue de los instrumentos que más faltó y aquí también se prevé que sean necesarios», justificó el joven para remarcar la importancia del trabajo en el que llevan inmersos los últimos días con sus impresoras domésticas.   

 

Favores en cadena para combatir el virus. Porque muchos pequeños empujones mueven trenes.

 

Por Laura G. Estrada

 

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