Hoy casi cualquier empresa depende de servicios digitales, proveedores tecnológicos y redes interconectadas para seguir funcionando. Una incidencia puede llegar desde un fallo técnico, un ataque, una interrupción en un proveedor o incluso un problema climatológico, y afectar a más de un servicio a la vez. La resiliencia digital se ha convertido en una prioridad para garantizar la continuidad de la actividad, y la directiva europea NIS2 eleva el listón de seguridad para miles de organizaciones en toda Europa.

La norma traza un mapa de responsabilidades dentro de las empresas: las de servicios esenciales y digitales, proveedores críticos y plataformas de gran tamaño deben identificar mejor sus dependencias, anticipar posibles puntos de ruptura y diseñar mecanismos que les permitan mantener la actividad aunque algo falle. La ciberseguridad deja de ser solo un asunto técnico y pasa a ser una parte más de la estrategia de negocio, con la alta dirección en el centro, incluyendo responsabilidad personal en caso de incumplimiento.