Las previsiones que se han dado desde la irrupción de la Inteligencia Artificial han ido en dos direcciones: unos decían que se destruiría una cantidad ingente de empleos y, la parte contraria, que serviría como una herramienta esencial para cualquier tipo de trabajo, que ayudaría a la productividad y que creará nuevas posiciones.

Según afirma un informe de BBVA Research, coordinado por Rafael Doménech, la batalla de los gurús la estarían ganando los segundos: la productividad de las empresas que aplican soluciones de Inteligencia Artificial es ya un 4% mayor al compararla con quien forma parte del mismo sector pero todavía no se ha subido a la ola tecnológica.